Un participante de nuestras estancias solidarias recibe el primer premio del concurso de fotografía del diario Levante
Imagen: foto ganadora
CERAI, a 25 de octubre de 2009.- Julio Garrido, participante de la estancia solidaria organizada por CERAI este verano en Chefchaouen (Marruecos), ha ganado el primer premio del concurso de fotografía del diario Levante.
La fotografía ganadora fue realizada en la playa de Targha, una de las visitas que se suelen realizar en este viaje para conocer una de las costas más carismáticas de África.
Julio, tras ganar este premio, ha recordado algunas de sus impresiones de su viaje a Marruecos.
"Marruecos es un constante derroche de movimiento, un caos organizado"
Chefchaouen era la locura, nuestras cabezas no eran capaces de procesar tantas imágenes, tantas sensaciones juntas, era como estar en una película; gatos por todas las calles a montones (no había perros), gente por todos los rincones, mercancías de todo tipo, sabores, olores, colores, sensaciones, era increíblemente bello, sus calles, la Medina, la plaza Huta Hamma, sus fuentes, sus tiendas, sus barberías, sus zumerías, sus restaurantes, sus fachadas, sus gentes, era todo un constante derroche de movimiento, UN CAOS ORGANIZADO.
Chefchaouen me sorprendió, el primer día pasó muy rápido, -¿estaba despierto?-, -¿o estaba soñando?-, me encantó ese lugar.
La primera noche (y alguna más) la pasé durmiendo en el hotel de las mil estrellas (con mi saco de dormir en la terraza del Instituto donde nos alojábamos). Las noches eran preciosas, un cielo limpio y puro, unas estrellas inmensas, una Vía Láctea increíble y unas oraciones a las 4:00 de la madrugada que te hacían soñar.
Recuerdo que pasamos una de las noches de la estancia en casa de una familia que se dedicaba a la agricultura. Por la noche nos prepararon un cous cous buenísimo, todo ello amenizado por "el Figura", Nordín, un marroquí incombustible y unos músicos excepcionales, todo bajo un cielo precioso y una compañía excelente. El grupo que viajamos se acopló de maravilla y no hubo ni una sola queja. La familia fue un encanto y el desayuno como la cena fue impresionante. Nos fuimos de la casa enamorados, GRACIAS.
Otra de las excursiones que hicimos fue a la playa. Después de un viajecito de un par de horas llegamos al pueblo costero de Thalasa, un sitio muy bonito pero dejado de la mano de Dios. Famoso, por desgracia, por la cantidad de embarcaciones que salen de sus costas rumbo a España y de ahí al resto de Europa, tanto de personas, como de drogas. La playa genial, la costa totalmente salvaje, todo el mundo nos miraba, bueno, a las chicas que iban en bikini, ya que el resto de mujeres marroquíes se bañaban vestidas.
En Thalasa tuvimos la suerte de poder ver una boda, fue algo muy curioso. A la novia la metieron en una caja muy bonita y decorada (no por ello cómoda) y la subieron a una mula, y con la caja sobre su lomo dieron una vuelta por todo el pueblo. Al final llegaron a la casa del marido y en ese momento la novia pasó a formar parte de la familia de éste. Fue una ceremonia muy interesante de ver, y por supuesto algo que nos impactó. Esa noche cenamos tallín de sardinas asadas, pescadito fresco y de postre higos chumbos, sandía y melón, todo un manjar.
Al día siguiente nos enseñaron los telares en los que trabajaban las mujeres del pueblo y que son parte importantísima del sustento de las familias, un proyecto que ha sido un éxito para la comunidad.
Podría estar escribiendo mucho, muchísimo, sobre Fifi, Thalasa, Chefchaouen, Tetuán, donde compramos material escolar para los chavales del Instituto donde estábamos durmiendo y que también visitamos. Tetuán me dejó sin palabras, sobre todo la Medina. Podría hablar muchísimo también de la gente, de Asís, de Sahin, de Ibrahim, de Nordín y del grupo que fuimos...
Yo sé que volveré, bien con CERAI, bien por mi cuenta, pero os aseguro que la experiencia ha sido una maravilla. Con CERAI vimos el verdadero Marruecos, entramos por la puerta trasera, vivimos y sentimos el país y pudimos comprobar de primera mano las grandes distancias que nos separan a las dos culturas estando tan cerca geográficamente. Es un viaje que recomiendo si se quieren sentir emociones fuertes y saber que el mundo en el que vivimos es tan variopinto.












